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vascongadas o pais vasco????

 
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pasoslargos
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MensajePublicado: Mar May 20, 2008 10:38 pm    Asunto: vascongadas o pais vasco???? Responder citando

Vascongadas (Euskal Herria)
Está situada la región Vascongada en la parte más oriental de la cornisa cantábrica, en el vértice del golfo de Vizcaya. Tras la invasión musulmana de la península, quedaron algunos reductos de resistencia, y si no de la importancia del constituído por Don Pelayo en los Picos de Europa, sí, no obstante, las incursiones de éstos coadyuvaron a la reconquista y máxime cuando la política de Alfonso I, rey de Asturias, permitió comunicar con estos grupos aislados y aunar esfuerzos.
Vascongadas, aunque con la connotación de sus pobladores vascones -muy fusionados con los íberos autóctonos-, no ha tenido su historia muy alejada de los Reinos de León y, más especialmente, de Castilla. De hecho, es del Señorío de Vizcaya de donde surge el germen de la nación castellana. Incluso la provincia de Álava, hoy perteneciente a esta región, tiene sus raíces históricas cuajadas de innegable castellanidad, sin olvidar que -como otras ciudades castellanas- fue fundada y repoblada por navarros y/o vascos. Prueba de ello son los numerosos pueblos castellanos que en su nombre o denominación llevan la palabra Báscones en clara referencia al origen de sus primeros pobladores. Es más, la participación e intervención de caballeros vascos en las gestas e historia de la Corona de Castilla se hace patente en la extensión que a causa de la reconquista, primero, y del descubrimiento de América, después, se aprecia de los apellidos de origen vasco. Mucho es, pues, lo que esta región y sus hombres han aportado a la historia de la península en el lado castellano, a cuyo Reino unas veces, y al de Navarra otras, siempre pertenecieron.

Las armas de Vasconia son: Escudo mantelado, 1º de plata, una cruz latina de gules resaltada de una encina de sinople y de dos lobos pasantes de sable atravesados al tronco, uno por delante y otro por detrás, ambos lobos cebados de un cordero al natural, y bordura de oro con ocho aspas de gules (que son de Vizcaya); 2º de plata, tres árboles (tejos) de sinople sobre una terraza de lo mismo, en punta ondas de agua de plata y azur (que son de Guipúzcoa); y mantel de oro, un castillo de piedra aclarado de gules, de cuya puerta sale un brazo armado de plata alterado, en cuya mano blande una espada desnuda, siniestrado de un león de gules rampante, surmontando todo ello una cinta de azur con la leyenda en letras de plata "Justicia" (que son de Álava).
La vivencia política de los vascos ha estado siempre ligada de manera profunda a la historia española. En los primeros tiempos de la invasión musulmana de España, como reconoció el nacionalista fray Bernardino de Estella, los vascos carecían de lazos políticos que los unieran y tenían una clara «falta de conciencia nacional». Por añadidura, cuando el reino de Navarra se convirtió en una formación política vascona la nota característica con la que se autodefinieron sus monarcas fue no la de ser «reyes vascos» sino «rey de las Españas».

Las tres provincias vascongadas -mencionadas por vez primera en el relato de las hazañas de Alfonso I escrito durante el reinado de su sucesor Alfonso II el Magno a finales del s. IX- estuvieron ligadas voluntaria y entrañablemente a Castilla. Guipúzcoa se unió en el s. XI y tal unión se convirtió en definitiva en 1200, reinando Alfonso VIII. El deseo de los guipuzcoanos no era formar parte de una entidad vascona como era Navarra, sino de la Corona de Castilla, y así lo solicitó la Junta General.

Alava se incorporó en 1200, lo que se confirmó por pacto solemne el 2 de abril de 1332. Vizcaya pasó a formar parte, también voluntariamente, de la Corona de Castilla en 1179. Con Juan I (1370-90), el rey castellano se convirtió en señor de Vizcaya. Los vizcaínos conservaron sus instituciones, pero con una supervisión regia y una instancia superior castellana, en este caso ubicada en Valladolid. Además las discusiones de las Juntas se hacían en castellano o en vascuence y los procuradores y apoderados «no podían ser admitidos en ningun tiempo si no sabían leer y escribir en romance».

El final de la Edad Media no alteró, en absoluto, este panorama. Los vascos de Alava, Vizcaya y Guipúzcoa siguieron sintiéndose más cercanos de Castilla que a Navarra. Esta circunstancia continuó con el comunicado de 4 de julio de 1795 de la Diputación de Vizcaya ofreciendo al rey derramar hasta «la última gota de sangre» por la independencia española, con los diputados vascos en las Cortes de Cádiz, guiados por «la felicidad de la nación», en referencia a España, o con el manifiesto de Zumalacárregui de 12 de julio de 1834 haciendo un llamamiento a todos los españoles. En todos los casos, la unión de las Vascongadas era no con la Corona sino con España, de la que se consideraban parte esencial.

Sustituir esa realidad histórica por una artificial teoría del pactismo que uniría Euskadi con el resto de España a través únicamente de la
Corona es simplemente jugar a ser australianos o neozelandeses, es decir, territorios que conservan como jefe de Estado a Su Graciosa Majestad británica, pero que hace tiempo accedieron a la independencia. Actuar así no sólo es discutible porque equipara las Vascongadas con las colonias británicas, sino porque además oculta una clara intención separatista que choca frontalmente con la unánime trayectoria de la historia vasca anterior a la aparición del nacionalismo de Sabino Arana. Como en tantas otras ocasiones, el nacionalismo vasco no se revela como el preservador de las esencias históricas, sino como un creador de mitos ahistóricos.
Siempre que se menciona a Sabino Arana aparece el anuncio de Nonbait.
En 1492 Nebrija saca a la prensa su Gramática de la Lengua Española, en cuya dedicatoria a la Reina no sólo se exalta lo logrado por Doña Isabel en el plano nacional, sino su carácter de logro irreversible: «...la Monarquía y paz de que gozamos, primeramente por la bondad y providencia divina, después por la industria, trabajo y diligencia de Vuestra Real Majestad, en la fortuna y buena dicha de la cual, los miembros y pedazos de España, que estaban por muchas partes derramados, se redujeron y ayuntaron en un cuerpo y unidad de Reino, la forma y trabazón del cual así está ordenada, que muchos siglos, injuria y tiempos no lo podrán romper ni desatar...»

Como bien ha dicho Carlos Seco Serrano, la peculiar evolución histórica de los «miembros y pedazos» de España durante la Reconquista los había diferenciado como entidades con carácter propio, y la prudencia de los Monarcas les aconsejaba atenerse a esta realidad: la peculiaridad de la bien definida nación española radica en ser simultáneamente unidad y diversidad.

Provincias Vascongadas

Provincias Vascongadas pertenece a España
Está clasificado como: Lugar o área (Región que se distingue de otras por su aspecto físico o cultural)
las provincias que componen el actual País Vasco fueron conocidas también como Provincias Vascas, Provincias Exentas (hasta 1841), Provincias Vascongadas, o simplemente, Vascongadas. En la actualidad, la denominación Comunidad Autónoma Vasca (CAV) es utilizada con frecuencia, especialmente en la propia comunidad autónoma y Navarra, ya que las denominaciones Euskadi y País Vasco también han sido usadas históricamente,[2] [3] desde su creación con la grafía Euzkadi en el siglo XIX la primera, y antes de 1897 la segunda,[4] [5] para nombrar un concepto diferente al de la comunidad autónoma, el de Vasconia o Euskal Herria.

También Navarra tiene derecho a integrarse en esta comunidad autónoma, en el supuesto de que decida su incorporación de acuerdo con lo dispuesto en la disposición transitoria cuarta de la Constitución española, y reglamentado en el Amejoramiento del Fuero, si bien no ha ejercido nunca dicho derecho. Las relaciones entre ambas comunidades han sido de carácter muy variado desde la Transición.

Los términos Euskadi y País Vasco (en la versión del Estatuto de autonomía en euskera, Euskadi y Euskal Herria) son la denominación oficial de la Comunidad Autónoma del País Vasco.

El asunto de la nomenclatura ha sido un tema debatido, ya que los nombres "Euskadi", "Euzkadi" y "Euskal Herria" tradicionalmente se han utilizado para designar una región más extensa que la de las tres provincias. El 18 de julio del 2003, la Real Academia de la Lengua Vasca (Euskaltzaindia) aprobó un documento en el que exponía su postura sobre el uso correcto de la palabra Euskal Herria, "territorio con rasgos culturales bien definidos, por encima de fronteras político-administrativas y por encima también de las diferencias históricas.[6]

En el País Vasco se han hablado dos lenguas desde hace siglos, el castellano y el euskera, siendo las dos originarias de la región, pues el castellano surgió en una zona amplia que abarcaba también territorios del occidente de la actual Álava. El euskera, a diferencia del resto de lenguas ibéricas modernas, no procede del latín ni pertenece a la familia indoeuropea. En el año 2001, un 49,6% de la población era monolingüe en castellano, un 32,2% era bilingüe y un 18,2% era bilingüe pasivo (entendía euskera aunque lo hablaba con dificultad).[11] Estos porcentajes varían de una provincia a otra, siendo Guipúzcoa donde más se habla euskera y Álava donde menos.
Las poblaciones gasconas asentadas en Guipúzcoa trajeron consigo su lengua, el gascón (desaparecido, habiéndose conservado algunas comunidades hasta el siglo XX
La opción política mayoritaria desde la transición democrática es la del "nacionalismo vasco", en sus diversas variantes desde las más moderadas hasta las más radicales y con sus diferentes concepciones para la configuración de la actual Comunidad Autónoma (independentista, autonomista, federalista...). Dicha opción se disputa el mapa electoral con otras ideologías denominadas "no nacionalistas", de amplio respaldo en el territorio histórico de Álava, tradicionalmente castellanohablante.
Todos los "lehendakaris" (presidentes del Gobierno Vasco) desde 1980 han pertenecido al Partido Nacionalista Vasco.



y ahora empecemos a debatir.

cierra España

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" a un español, no se le puede hablar de Dios, de pan, de Patria y de Justicia, cuando ha perdido la Justicia, a Dios, el pan y la Patria".

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Gonzalo
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MensajePublicado: Mie May 21, 2008 8:59 am    Asunto: Responder citando

Pues queda poco lugar para el debate, pasoslargos, ya que en general comparto la veracidad de los datos que aparecen en el artículo posteado.

El nombre, País Vasco o Vascongadas, poco debería importar si en dichos territorios existiese un sentimiento de pertenencia común al proyecto histórico de las Españas. Recordemos que dichos sentimientos fueron constantes a lo largo de la historia hasta la aparición del "iluminado" Sabino Arana.
Resultaría redundante y cansino volver a recordar la participación de vascos y navarros en la construcción de España, y su lealtad hacia la misma, desde la brava gesta del vizcaíno Diego López de Haro en las Navas de Tolosa hasta la polémica rendición del ejército gudari en Santoña.

Me gusta referirme a las Españas, porque creo que siendo UNA como proyecto de vida en común, no es menos ciertos que existe una rica y variada diversidad cultural y lingüística.

Saludos y ¡Arriba España!

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JCM
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MensajePublicado: Mie May 21, 2008 12:34 pm    Asunto: Responder citando

Pues esa es la diferencia para bien de España que es UNA hecha por varias.

El problema vasco del nacionalismo empieza por un problema español en el que los vascos se involucraron como españoles que son. "Las Guerras Carlistas", pero el Carlismo no gana y en la reorganización del Estado pierden sus derechos forales, tan reclamados por Sabino y sus descendientes. Ese rencor de lo perdido es lo que da lugar al nacionalismo tan peculiar del país vasco.
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Almogavar
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MensajePublicado: Mie May 21, 2008 1:53 pm    Asunto: Responder citando

Una referencia para mí agradable, es la que muestra mi compatriota y, para mi honra, amigo Pasoslargos, sobre al castellano como lengua propia de los vascos.
Ya que es allí; como digo en otro post, de dónde viene y se extiende al resto de españoles.
Si bien el euskera goza ya de ese nombre, el castellano pudiera bien llamarse vascuence. Lo cual no ocurrió simplemente porque en aquel entonces, Vasconia era Castilla. Tan Castilla que ellos fueron los que la conquistaron, le dieron idioma, defendieron y dieron el apellido más extendido de entre todos los españoles: García.
Que Castilla después se uniera a León y Aragón y formaran España fue una continuación de su trabajo, pero lo que culminó su obra fue la extensión de su idioma por el mundo con la conquista de América.
Los vascos, de ser un pequeño conglomerado de tribus del norte de Iberia, pasaron a ser los que pusieron la primera piedra del mayor imperio del mundo y de la segunda lengua más hablada en el planeta: España y el Español.
Ambas son cosas que sin los vascos jamás hubieran sucedido.

Está clarísimo que los nacionalismos se basan en las lenguas. Sin ellas no son nada. Y Sres. si la lengua de España es vasca, los vascos no pueden ser otra cosa que españoles.
O somos todos vascos o somos todos españoles. Pero según las propias leyes del nacionalismo (que no comparto eh) las lenguas propias corresponden a la nación. Por tanto, si la lengua castellana es propia de los vascos (demostrado está por la filología) la nación propia de los vascos es España.
La historia y la filología lo demuestran.

Gracias Pasoslargos.

Un saludo y Arriba España.
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pasoslargos
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MensajePublicado: Mie May 21, 2008 7:55 pm    Asunto: Responder citando

desde cuando es denominado pais vasco???,creo que fuera a parte de lo ya hablado hay una gran laguna que intentare de aclarar bajo mi poca experta opinion,el pais vasco es conocido asi a partir de la constitucion del 78 y sobre todo desde la conformidad al derecho a su autonomia y aceptacion de la misma por lo que expongo.

Territorio histórico (en euskera lurralde historiko) es la denominación que se usa en la comunidad autónoma del País Vasco (España), dentro de su ordenamiento jurídico interno, para cada una de las tres entidades territoriales que la integran: Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. Los territorios históricos coinciden, en sus actuales límites, con las provincias del mismo nombre:

El territorio de la Comunidad Autónoma del País Vasco quedará integrado por los Territorios Históricos que coinciden con las provincias, en sus actuales límites, de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya...


Estatuto de Autonomía del País Vasco, artículo 2.2.
Los territorios históricos están regidos por Diputaciones Forales, las cuales ejercen no sólo las competencias ordinarias de una diputación provincial, sino también competencias propias del régimen foral como, por ejemplo, en materia fiscal y por Juntas Generales, órganos legislativos facultados para aprobar normas y reglamentos forales. Cada Junta General está compuesta por 51 miembros, elegidos por sufragio universal en cada territorio.

El reconocimiento constitucional de esta singularidad de los territorios históricos, al igual que la de la Comunidad Foral de Navarra, deriva de la disposición adicional primera de la Constitución española (si bien la Constitución alude a "territorios forales", el Estatuto de Autonomía para el País Vasco adopta la expresión "territorios históricos"):

La Constitución ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales. La actualización general de dicho régimen foral se llevará a cabo, en su caso, en el marco de la Constitución y de los Estatutos de Autonomía.

La disposición adicional primera de la Constitución, el Estatuto de Autonomía del País Vasco y la Ley de Territorios Históricos (Ley 27/1983, de 25 de noviembre, de Relaciones entre las Instituciones Comunes de la Comunidad Autónoma y los Órganos Forales de sus Territorios Históricos) aprobada por el Parlamento Vasco constituyen el marco jurídico básico de estos entes territoriales forales.

También se les llama territorios históricos a los siete territorios que, según la Real Academia de la Lengua Vasca y el nacionalismo vasco, compondría la llamada Euskal Herria.[1] [2]

Diputación Foral es el nombre con el que se conoce desde mediados del siglo XIX a las Diputaciones provinciales de Álava, Guipúzcoa, Navarra y Vizcaya, en razón de sus regímenes forales o regímenes especiales de autonomía administrativa que conservaron después de la Primera Guerra Carlista como excepción al sistema centralista propio del Estado liberal establecido desde 1836 en España.

Las tres diputaciones vascas vienen a ser como gobiernos provinciales. El gobierno de la Diputación Foral recae sobre el diputado general y los diputados que controlan los distintos departamentos (hacienda, obras públicas, transportes,...). Y a su vez, estos son controlados por las Juntas Generales, que vienen a ser Parlamentos provinciales cuyos miembros (llamados junteros) se eligen por votación popular, que coincide con las elecciones municipales.

Las diputaciones vascas gozan de alta autonomía y poder de acción, ya que entre sus competencias se encuentra la recaudación de impuestos, todas las infraestructuras de carreteras, bienestar social...

La Diputación Foral de Navarra, que había sido la Diputación del Reino hasta 1839 en que paso a ser una provincia, tras la reforma de Javier de Burgos de 1933, que se ratificó con la ley Paccionada. A partir de 1982, recibe el nombre de Gobierno de Navarra, al convertirse la anterior provincia foral en comunidad autónoma con un régimen particular bajo la denominación de "Comunidad Foral de Navarra".

Régimen foral es el nombre usado en España, genéricamente para el conjunto de las instituciones propias de la administración autónoma y de los ordenamientos jurídicos propios del antiguo Reino de Navarra y de los territorios históricos vascos de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. Actualmente País Vasco y Navarra.

Tras la desaparición de la monarquía absoluta en España, proceso ocurrido entre 1812 y 1836, uno de los principios del nuevo Estado liberal era el centralismo y, por lo tanto, la igualdad de leyes y de instituciones para todas las provincias en que quedaba dividido el Estado, pues pervivían instituciones políticas y ordenamientos jurídicos distintos, denominados fueros, para los distintos territorios de la monarquía e incluso para distintos sectores sociales.

Anteriormente, los territorios de la Corona de Aragón ya habían perdido sus fueros a principios del siglo XVIII a causa de la guerra de Sucesión (y no los volvieron a recuperar hasta el actual régimen democrático) cuando el rey Felipe V impulsó los decretos de Nueva Planta, por los que estos territorios pasaban a regirse por las leyes de Castilla, perdiendo sus órganos de autogobierno, en señal de castigo por haberse opuesto a su nombramiento como rey.

El siglo XIX, el Reino de Navarra y las provincias vascas consiguieron a la finalización de la Primera Guerra Carlista la promesa de que su sistema privativo sería mantenido, merced a la Ley de confirmación de Fueros de 25 de octubre de 1839. No obstante:

En el Reino de Navarra, mediante la "Ley Paccionada" (1841), su régimen fue poco después casi suprimido y dejó de ser un reino, pasando a constituirse Navarra como una provincia más del Reino de España.
En las provincias vascas, la abolición foral se produce en 1876 tras la Tercera Guerra Carlista.[1]
Se conservaron algunos pequeños restos forales que, en las provincias vascas de Guipúzcoa y Vizcaya que fueron suprimidos por la dictadura franquista al ser consideradas "provincias traidoras" por no haber participado a su favor en la sublevación de 1936, manteniéndose en Álava y Navarra.


La Constitución española de 1978 en su Disposición Adicional Primera consagra el respeto y amparo de los derechos históricos de los territorios forales, retrotrayendo la legislación hasta 1841 y por ello estos territorios, constituídos actualmente como las comunidades autónomas de Navarra y País Vasco, conservan la independencia en aspectos como el derecho tributario, fiscal o civil entre otras peculiaridades.

En Navarra la norma básica su régimen de autogobierno es la peculiar Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra de 1982 y en el País Vasco es el Estatuto de Gernika.

Los fueros, por los históricos privilegios que consagrana, suscitaban recelo en otras provincias, lo que proporcionó una escusa más al Gobierno central para su definitiva abolición: "en la cuestión de fueros hay que distinguir dos elementos, a saber: el fuero que contraría abiertamente la unidad constitucional y establece entre los españoles una desigualdad injusta e irritante; esto es, la exención de pagar tributos y quintas, de que disfrutan las Provincias Vascas, pero no Navarra; y el fuero que, rompiendo la unidad legislativa, pero no la constitucional, y no perjudicando los derechos de nadie, pone a dichas provincias en posesión de un especial régimen administrativo y económico, de carácter eminentemente democrático, envidiado y celebrado con razón por todos los liberales, tanto de España como del extranjero." (Revista Contemporánea, 1876

Historia de la lengua. El primer texto extenso, Linguae Vasconum Primitiae, de Bernat Dechepare, escrito en dialecto bajonavarro oriental, se publicó en Burdeos en 1545. A partir de esa fecha se van publicando otros textos en los distintos dialectos, en su mayoría con una finalidad práctica: la enseñanza de la doctrina cristiana. Pero ya desde el s. X se puede decir que se encuentran testimonios abundantes de la lengua vasca, aunque no textos extensos, sino glosas, topónimos y antropónimos en la documentación latina y romance medieval. Por el contrario, las noticias que se tienen de la lengua en épocas anteriores al s. X son verdaderamente escasas.
Lafon ha señalado que el vascuence del s. XVI no tiene un aspecto fundamentalmente diferente al de la lengua actual. El contacto secular con el latín y las lenguas romances ha influido poderosamente en el desarrollo de la lengua que, sin embargo, no ha perdido su fisonomía propia, sino que ha sabido adoptar los préstamos encajándolos en moldes propios. Este contacto ha enriquecido en algunos aspectos al vascuence, p. ej., en el orden fonológico: como afirma L. Michelena, el inventario fonológico del vasco histórico es mucho más pobre que el actual. En el orden léxico son también muchos los elementos foráneos, los cuales han sufrido desde su adopción cambios fonéticos y semánticos, debido a las diferentes presiones de la estructura de la lengua, de modo que resulta difícil en muchos casos la identificación del étimo. De todos modos, son muchos los elementos léxicos para los que no se ha encontrado explicación adecuada en otras lenguas y que, por su antigüedad, parecen constituir el caudal primitivo.
En cuanto a la lengua hablada, fue el príncipe Luis Luciano Bonaparte (1813-91) quien estableció una división de dialectos vascos, que dejó plasmada en su famoso mapa fechado en Londres en 1863. En el mapa se refleja su visión de los dialectos como unidades geográfico=lingüísticas cerradas, ya que aparecen delimitados entre sí por una raya única, que resume en un solo resultado los distintos fenómenos lingüísticos que sirvieron de criterio de distinción al ilustre dialectólogo. El trabajo de recolección de datos efectuado por Bonaparte es de gran envergadura y hoy día se sigue haciendo referencia a su clasificación, que coincide en general con demarcaciones históricas antiguas, aunque naturalmente la dialectología moderna requiere no una división por bloques sino la delimitación precisa de cada fenómeno lingüístico. Los dialectos establecidos por Bonaparte son: vizcaíno (que abarca también Álava y la zona occidental de Guipúzcoa), guipuzcoana (que penetra en el valle de La Burunda en Navarra), alto-navarro septentrional (que abarca la parte oriental de Guipúzcoa), alto-navarro meridional, labortano, bajo-navarro occidental (con parte del Labourd y el valle de Aézcoa), bajo-navarro oriental (con el valle de-Salazar) y suletino (con el valle del Roncal). A pesar de la variedad de rasgos diferenciales que pueden hallarse entre los dialectos, no debe olvidarse que son muchos los rasgos comunes a todos ellos y, como ha señalado Michelena, que uno de los elementos unificadores ha sido la serie de préstamos léxicos latino-románicos.

V. t.: BIBLIA VI, 9 A (versiones vascas de la Biblia); NAVARRA VI.

A. M. ECHAIDE ITARTE.


BIBL.: J. CARO BAROJA, Materiales para una historia de la lengua vasca en su relación con la latina, Salamanca 1945; P. LAFITTE, Grammaire bosque (Navarro-labourdin littéraire), 2 ed. Bayona 1962; R. LAFON, La lengua vasca, en Enciclopedia Lingüística Hispánica I, Madrid 1960, 67-97; L. MICHELENA, Sobre el pasado de la lengua vasca, San Sebastián 1964; G. ROHLFS, La influencia latina en la lengua g cultura vascas, «Revista Internacional de Estudios Vascos» XXIV, 1933, 323348; A. TOVAR, La lengua vasca, 2 ed. San Sebastián 1954.
El vascuence plantea en cuanto a su origen uno de los problemas de mayor interés entre los vascólogos. No se ha demostrado hasta ahora que exista parentesco genético próximo entre el vascuence y otras lenguas (V. LENGUA II). Las afinidades estructurales, no simplemente de detalle, que se han podido observar con algunas de ellas, han estimulado a pensar en sus posibles relaciones, que no son necesariamente, ni siquiera probablemente, genéticas.
El vascoiberismo, tesis que confunde el ibérico con el vasco, manteniendo que éste procede de aquél, fue postulado por G. de Humboldt y ha tenido muchos seguidores. Sin embargo, las inscripciones ibéricas pueden ser leídas, pero no entendidas, lo cual es de esperar que, no ocurriría si el vasco fuera una lengua emparentada de cerca con el ibérico.
El parentesco con las lenguas del grupo hamito-semítico (acadio, hebreo, árabe, egipcio antiguo y copto, líbico antiguo, dialectos bereberes modernos, etc.) fue una teoría elaborada por H. Schuchardt, quien, partiendo del vascoiberismo y de la idea tradicional de que el ibérico tiene sus raíces en el norte de África, intentó demostrar las coincidencias del vascuence con las lenguas de esa zona. Sin embargo, las afinidades lingüísticas presentadas por H. Schuchardt no parecen ofrecer base suficiente para establecer dicha relación.
K. Bouda y R. Lafon se han ocupado de estudiar detenidamente los posibles lazos de parentesco entre el vasco y las lenguas caucásicas. Este estudio presenta problemas muy difíciles de resolver: son varias las familias de lenguas caucásicas, y sus relaciones de parentesco no están bien establecidas, por lo cual la relación habría que establecerla o con alguna de ellas o con el protocaucásico. Pero los estudios de lingüística histórica sobre las lenguas caucásicas, que permitirían obtener conocimiento de los rasgos más antiguos, es decir, establecer la estructura del protocaucásico, son absolutamente insuficientes, por lo que la tarea resulta de momento insuperable. A pesar del elevado número de coincidencias lingüísticas del vasco con las distintas lenguas caucásicas, e incluso de algunas afinidades con todas ellas, no hay de momento base suficiente, con los datos estudiados, para hablar de un parentesco vasco-caucásico.
El pasado 11 de mayo, el profesor y académico Henrike Knörr publicó en EL CORREO un artículo titulado 'La realidad y la realeza'. Se refería a la visita que ocho días antes hiciera el Rey a la Base Militar de Araka, con ausencia clamorosa del lehendakari y del resto del Gobierno vasco.

El artículo transcurría con normalidad, hasta que el Rey mentó «las (Provincias) Vascongadas». Algo políticamente incorrecto, por «preconstitucional»; pero, a lo que parece, también lingüísticamente objetable. Más aún, el propio adjetivo vascongado merece peros. Y esto último, como dictamen de un filólogo profesional, me deja de un aire.

Ya se sabe que en estas cosas la gente es sensible, como se ha visto por carta de doña Begoña Larrañaga (21 de mayo), para quien Vascongadas tiene «el peso de siglos de historia». A lo que responde Knörr también en carta (25 de mayo) ironizando -«dejémoslo en peso pluma»-, porque la expresión 'Provincias Vascongadas' aparece por primera vez en 1839; es decir, no tiene 'siglos', en plural. Hombre, es posible que las dos palabras juntas fuesen neologismo entonces, dado que la actual división provincial de España es de aquella década. Pero ¿peso pluma, por eso? ¿Ay, don Henrike! En este país conocemos 'tradiciones' mucho, pero que mucho más nuevas y livianas.

Es cierto que 'vascongado' ha sido sinónimo de 'vascófono' o vascohablante; y las provincias no hablan. Pero para eso hay un tropo llamado metonimia, que autoriza a usar continente por contenido; por ejemplo, «Euskaltzaindia piensa o dice esto o lo otro», cuando es obvio que las academias no hacen esas cosas, dejándolas para sus académicos. Cuando se habla de Quebec como provincia francófona, a nadie se le ocurre que aplicando allí el oído a tierra, a la manera india, se oye hablar francés. En ese sentido es correcto decir Provincias Vascongadas, e incluso lamentar que lo sean tan poco.

Ahora bien, la palabra en sí, vascongado, ¿es de recibo? Al autor del artículo no le convence ese participio adjetival, «de formación anómala, salido de un extraño 'vasconicatus' (vasconizado)». «Un enigma lingüístico e histórico», sentencia literalmente. Pues bien, como yo no veo el tal enigma por ningún lado, voy a ver si me aclaro. No en el siglo XIX (fray E. de Andoain), ni en el XIX-XVIII (fray P. Añíbarro), sino mucho antes, a finales del XV, balbuceaba su vascuence materno un navarrito, que en su día será autoridad de la lengua española. Martín de Azpilcueta, conocido en Europa como Doctor Navarrus (1492-1586), en su 'Manual de confesores' -publicado también en latín- contraponía 'vascongado' a 'romanzado', refiriéndose no a provincias, pero sí a fieles de diócesis donde se oían ambas lenguas, vascongada y romanzada, o sea el vascuence y el romance (castellano o francés). Estos nombres de lenguas son formalmente adverbios modales -como lo son euskera y erdera-, porque, como es sabido, las lenguas no suelen tener nombre propio. En suma, el Doctor Navarro contrapone dos términos de igual morfología. Ahora bien, para romanzado (dicho también 'romanceado') no hace falta inventar ningún bajo latino 'romanicatus', como tampoco vascongado necesita para nada el 'vasconicatus' de Knörr y compañía, pues es suficiente la analogía contrapositiva de Azpilcueta, derivada de adverbios. No digo que los supuestos verbos bajo latinos sean imposibles, ni siquiera absurdos (peor es 'vascófono', que suena como gramófono); simplemente, no hacen falta, porque basta con los respectivos términos adverbiales, y no hay que multiplicar entes sin necesidad. Tampoco creo que vascongado signifique 'vasconizado'. «¿Vasconizado por quién? ¿Cuándo? ¿Cómo?», pregunta Knörr. Muy sencillo: por nadie, nunca. Aun admitiendo un hipotético 'vasconicare', la terminación -icare no significa 'hacer (vasco)'; como tampoco cabalgar (que pide, y recibe, su 'caballicare') significa 'hacer caballo'.

El profesor Knörr me disculpará el párrafo anterior, que si fuese dirigido a ilustrarle a él sería impertinente y pedante. Le aseguro que mi pensamiento ha estado más bien en personas como doña Begoña Larrañaga, a quien supongo mortificada al comprobar su 'error' de suponer que Provincias Vascongadas era antiguo. Para contentarla, añadiré un par de cosas, y termino:

1) En 1756 se funda en Vergara la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País; la primera en su género en España. Para los amigos, 'La Bascongada'. Aprobada en Juntas Generales, el embrión guipuzcoano crece también en Vizcaya y Álava. De ahí el emblema de tres manos unidas por el lema bíblico: 'Irurac bat' ('Tres son Uno', I Epístola de Juan, 5: Cool. Aquí Irurac son tres de las provincias vascongadas, las que se adhieren al proyecto. De ahí el nombre de la Sociedad Bascongada, que por lo demás, en sus trabajos utilizaba como norma el castellano.

2) No creo que el uso de Provincias Vascongadas sea 'preconstitucional' en el sentido de Knörr, es decir, como lo sería el despliegue oficial de una bandera española franquista o republicana. El que la ley desaforadora de 1839 empleara el término no implica una consagración oficial del mismo, sino mera referencia al uso, como sinónimo de vascas. Hablar de provincias vascongadas es tan inocuo como hablar de gallegas, extremeñas o andaluzas. Más aún, si el rey de España -o 'su escribidor' de discursos- dijo «las Vascongadas», yo vería una expresión de afecto, como cuando los amigos del País decimos 'la Bascongada'. Lo demás es buscarle pies al gato, olvidando de paso a un tal Horacio, que ya se refirió a 'Don Uso' como al señor árbitro y juez del lenguaje: 'usus, quem penes arbitrium est, et ius, et norma loquendi'.

Jesús Moya, de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País y profesor jubilado de la UPV.


cierra España.

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Antonio García Fuentes
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MensajePublicado: Lun Feb 23, 2009 11:35 am    Asunto: Responder citando

Lo de país vasco, es una mentira como tantas que se soportan por la imposición de la fuerza, puesto que la razón no existe.

De lo que yo sé de ello, puedo afirmar que nunca fueron otra cosa que provincias vascongadas y españolas; Navarra si fue reino. Y las partes de Francia, no fueron otra cosa que anexos al reino galo. Esos territorios no llegaron ni a condados siquiera; se quedaron en señoríos y titulados por la nobleza castellana en mayoría. Como eran y siguen siendo levantiscos, al parecer estaban siempre en luchas intestinas unos valles contra otros; de ahí que sus dialectos sean o fueren diferentes y entre esos territorios, puesto que no tenían ni idioma; menos conexión política y mucho menos, interés de formar un reino... su principal metrópoli, Bilbao, fue una villa fundada por un señor y propietario castellano... por todo ello, todo ha sido un montaje o fabricado político, para que los nuevos "señores feudales vascos", exploten y expriman a sus siervos y de paso a la España que les ha dado siempre más de lo que merecen. Lo inexplicable para mí, es que la Iglesia Católica amparase tanto desacierto y las consecuencias del mismo.

AGF

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